lunes, 26 de marzo de 2007

CARIÑO


La Plata 24 de marzo de 2007.


Cae la tarde, ya comienza a hacer un poco de frío. Las ventanas de mi casa continúan abiertas, es que de esa manera tengo la sensación de que respiro y me siento acompañada por los ruidos que vienen de la calle. Cerrarlas es recordarme que estoy sola, extrañando. Algo me oprime el pecho, desde hace tiempo me cuesta respira. No se si es la angustia, la densidad del aire o ambas cosas se complotaron para que como de a sorbos lo tome, y agonice. Recuerdo que estoy sola.
Hoy papá me llamo, como siempre hablando algo apurado, recordándome que maña es el cumpleaños de Chona, que la llame. Siempre admiré en él su capacidad para recordar fechas importantes, y aborrecí que se olvide de lo urgente. Emocionado me contó que fue a un campo en Bolivar, y que el ingeniero del lugar conversando le pregunto de done era, al nombrarle el pueblo, éste le dijo que en su época de estudiante había conocido un chico de allí, pero que sabía que hacía un tiempo había muerto. Papá dice que de inmediato supo que hablaba de Esteban, y le dijo el nombre. El ingeniero agitado recordó que juntos habían militado en la FEB. Le dijo que tipos así no deberían morir, por su compromiso, convicciones, y su solidaridad para con el resto de los estudiantes. También resaltó su honestidad, y cuanta plata le había hecho ganar a la federación de estudiantes (motivo por el cual la FEB aún lo recuerda, por sobre todo lo demás).
Después de relatarme todo esto papá me dijo llorisqueando, “por lo menos nos dejo algo, sus buenas acciones, pobre mi hijo”. Creí desvanecer. Pude superar la ausencia, pero no resisto ver tan vulnerable a papá.
De inmediato, cuando deje de hablar por teléfono con él, afloró ese dolor cercenado. Siempre creí (entre tantas cosas que creí…) que las poesías que hablaban de dolor en el corazón por amor, de tener como un puñal clavado, eran frases armadas. Con los años y los golpes, me convencí que por acartonado que parezca, es esa la sensación “un puñal clavado en el corazón, que te desgarra el alma….”.
Hace dos horas que estoy llorando y no puedo parar. Como siempre me sucede pensar en Esteban me trate dolor, emoción, alegría, buenos y malos recuerdos. No me puedo perdonar haber sido tan inocente. Ambos teníamos una conexión increíble, traspasaba todo, todo. Pero era todo, menos algunas cosas.... esa terquedad que nos superaba. Los dos tan introvertidos, que pensamos que por querernos y entendernos no necesitábamos las palabras. El por protegerme, yo por dejarme proteger. El por verme como una niña de cristal, inmaculada y frágil. Yo insistía en verlo como todo poderoso, fuerte, con carácter, lleno de pecados (que en él se veían menos pecaminosos). Esa terquedad que sólo quería reconocer la apariencia y negar la desnudes.
Podría estar toda la vida escribiendo sobre mi relación enroscada y cargada de profundo amor entre los dos. Otro día quizá lo haga. Por hoy sólo me quiero quedar con ese momento mágico que me da vueltas en la cabeza. Para quien lo puede ver de afuera, pensaría que soy sádica y cargada de perversiones. No puede encontrarse nada de mágico en un moribundo esquelético con sida delirando y una joven idiota temblando tratando de contener las lágrimas, agarrados de la mano durante horas sin hablar. Pero sí lo fue. Entendimos cuanto nos queríamos y necesitábamos. Vi en sus ojos y noté en sus caricias que no era topoderoso, fuerte, con carácter, lleno de pecados como me empeñaba en verlo. El comprendió que esa chica que lo cuidaba día y noche, que dormía a sus pies, que le cambiaba las vendas, le daba la comida, limpiaba sus vómitos, acariciaba sus heridas sin miedo a su sangre, no era una niña de cristal, inmaculada y frágil (un ataque de llanto no me deja seguir escribiendo…). Los dos desnudamos nuestra persona en el momento más miserable. No quería que me fuera de su lado, me apretaba las manos con fuerza. Yo no quería irme. Nunca me voy a perdonar no haber tenido palabras, quedaron atrancadas y se fueron convirtiendo en dureza. Se fue sin que le preguntara muchas cosas, se fue queriendo decir muchas otras. Cuan feliz estaría ahora si me viera!!!! Siempre recuerdo cuando fuimos a festejar cuando rendí mi primer final en la Facultad. En ese momento sólo él sabía el sacrificio que había implicado venirme, yo sabía su sacrificio por permanecer.
Nos adoramos toda la vida y aún después de ella. Quienes no creen en nada, y dicen que somos como máquinas, que cuando se para el corazón se termina todo, me pregunto si alguna vez habrán amado a alguien. Ya no puedo seguir escribiendo, me invaden las lágrimas y la tristeza, y mis ojos ya no resisten la irritación. Seguiré seguramente toda la noche con las ventanas abiertas para sentir que respiro. No le tengo miedo a los robos, más miedo me tengo a mí misma cuando comienzo a sentir que me marchito.