martes, 6 de febrero de 2007

Escalera al cielo


Poder observar los momentos posteriores inmediatos a la muerte es algo que me fascino siempre. Como nunca vamos a tener la oportunidad de poder “vivir” esta situación, la he imaginado desde niña. Imaginar este acto es su única vivencia…., porque no hay modo de que muera, y al mismo tiempo viva para presenciarlo desde la experiencia de quienes aun nunca han muerto….Es grandioso como uno puede recrear este hecho de maneras muy diferente a medida que pasan los años. No es arrogancia, ni victimizarse, sino disfrutar en vida de la inevitable muerte.
En mi caso, si sucediese en estos días, aunque hace mucho que vivo en la ciudad, parte de mi familia, o al menos, quienes se ocuparán de las cuestiones formales que rodean al acontecimiento están en el pueblo. El velatorio y entierro será en Salliquelò, tierra de gauchos, viento y horizonte infinito, allí será.
Como es muy desalmado pensar en el dolor de mis padres, no me voy a detener en las cosas tétricas, sino en aquellos personajes y situaciones que rodean tal suceso.
La forma de muerte hace al espectáculo.
No es lo mismo morir de forma repentina, que no da tiempo a que la gente hable y se prepare para pensar si va ir a o no al velorio. Por que hay que decir la verdad, en el pueblo si uno esta enfermo y ya es inminente que deje el mundo, la gente guarda expectante ese momento…., que ya se viene….cuando será!!!...Incluso cuando ven pasar a una ambulancia, o el auto del funebrero que se dirige hacia el depósito donde guarda los cajones, inmediatamente prenden la radio para ver si pasan la nota necrològica. Si el fallecido es alguien inesperado, primero se asombran y después, como quien no quiere la cosa, de manera incontrolable, que emana desde lo más profundo de su ser, dicen: “yo pensé que era la piba de Córdoba, porque dicen que se está muriendo”. A lo que el otro puede llegar a responder: “si se muere te aviso y vamos juntos al velorio. Hacemos así, si la velan en lo de Habram, yo voy para tu casa porque de allí queda más cerca, si es en lo de García, venite vos para acá”.
La forma de muerte determina toda la obra.
Pensemos en la más factible, me muero en La Plata. Esto implica que una ambulancia me lleve 600 km. para cumplir con el rito. El traslado es parte del servicio fúnebre y es una de las cosas más caras. Como mi familia es fiel cliente del señor García, y si lo serán!!!!, de esos que no fallan ni un año!!!!, todo los años uno. Cuando era chica (que ironías tiene la vida….) siempre miraba al familiar más viejo que quedaba con desconfianza, puesto que creía que ese sería el próximo. La ironía mayor que recubre la muerte es que los próximos nunca eran ni los más viejos ni los más malos, sino quienes estaban más llenos de vida….pura vida, de esos que tienen tanta y son tan generosos…, que finalmente se quedan sin ella.
Me esperarán en el arco de entrada, lugar que a mi familia no les indiferente. Mi espíritu estará regocijado en el lugar donde pase la niñez. Allí estaré, ahora entre putas, viejos inmundos y borregos inexpertos.
Continuando con el servicio del señor García, como este pequeño empresario le ha ido muy bien en los últimos años, ofrece para mayor confortabilidad del cliente (en este caso no se sabe si por confort del muerto o de los vivos), dos opciones. Una casa velatoria con una onda más antigua, pasillo largo, cocina amplia, sobre la avenida, con mucho lugar para estacionar los autos, y así poder ver el éxito del velorio. O bien la otra casa, más pequeña, más confortable, que se sitúa a la vuelta manzana. A mamá siempre le gusto más esa, no se si porque tiene una onda más calida o porque la ha visitado más veces, y la conoce mucho mejor. La cuestión que el lugar elegido será ese.
Como papá me conoce pedirá que no lleven presentes florales y que donen el dinero a alguna institución de bien público. Como conozco a papá, pedirá que colaboren con los gastos de velatorio y sepelio.
Mami pondrá todo lo que tiene y no tiene, y sus amigos colaborarán con ella. Por supuesto que Etcheverry será uno de los más fervientes colaboradores, porque un paisano como él “es” si tira un asado sobre la mesa, o si pone dos pesos más que el resto. Por supuesto que la parte pudiente de la familia de papá, como ya es tradición, obsequian el mejor cajón, y dirán acongojados “pobre Robert….cuanta desgracia!!!” desde lejos, con miedo de contagiarse de la desdicha de los pobres.
Y ya esta todo listo, arranca el baile, se inaugura la pista…… Si el velorio empieza a la mañana muy temprano, y depende del estado de descomposición del muerto, a las 17 hs. se le da cristiana sepultura. Si el muerto aguanta un poco más, se extiende hasta las 10 de la mañana, el otro horario estipulado por el mandato de la tradición.
Para ambientarlos un poco, la casa velatoria por fuera esta pintada de color marrón…… (Tal como Mactas habla de la flora y fauna argentina). Tiene una puerta de madera y una ventana que da a la calle. Se entra a un pasillo largo, con las paredes revestidas de corlo, para sorpresa de todos….son color marrón!!!. A lo largo de ese pasillo hay sillones, para que la hinchada pueda descansar un poco, no tanto como el muerto.
Hacia la derecha, ni bien se entra, hay una sala con unos confortables sillones, lugar donde los menos involucrados y dolidos se reúnen a conversar de política, fútbol, diversos temas, que varían según la ocupación de los turistas. Continuando por el pasillo, la puerta siguiente, que es de dos hojas, es la sala donde se ubica el cajón con el muerto correspondiente. A la cabecera del cajón, hay dos pies de plata con dos luces artificiales que imitan velas. En la sala, a los costados, pegadas a la pared hay unos sillones, y un par de sillas para que los dolientes puedan ubicarse más de cerca del muerto. La última sala continuando al pasillo es la cocina, donde hay café, mate, caramelos y bebidas fuertes. Una señora contratada por el servicio fúnebre es la encargada de atender a los comensales, y hacerlos sentir lo más cómodos posible. El baño está ubicado en un pequeño pasillo entre la primer sala con los sillones y ventana a la calle, y la sala donde está el difunto. Lindo el baño, cómodo. Pena que el agasajado no puede gozar de las instalaciones que brinda el lugar.
En un primer momento entran al velorio los familiares, o aquellas personas que más querían al muerto. Mamá y papá estarán en primera fila, junto a Mauri, su familia y las chicas. Después todos los demás. Las amistades de mamá (muchísima gente la quiere, como se van a perder este momento!!!), los conocidos de papá, entre ellos los familiares. Infaltables los de Guaminí y los de Coronel Suarez, los vemos sólo en los velorios. Quizá, si el bolsillo da, los de Mendoza vengan, aunque se que de verdad y de corazón estarían allí.
En cuanto a la familia de mami, no se que pasaría, porque están todos en Bahía. Mi tío Alfredo y señora estarían junto a ma, como una gran comedia: mamá, Etcheverry, papá, el tío y mujer, mis primos, el hermano de mi papá, su mujer y su ex, el Ale, Marcela y las nenas, y quizá mi hermano también lo haga. Todos mezclados, culpables e inocentes, mancomunados en un gran abrazo de amor, en un instante de dolor. Tal como sucedió como cuando murió Esteban. Que ironías tiene la vida, de unir asesinos y acecinados en un único momento: la muerte. Muchas cosas nos pueden pasar infinidad de veces en la vida, menos la grandiosa dicha de nacer y morir.
Continuando con los agasajados, hay ciertos personajes infaltables en los pueblos. Se los presento por orden de aparición en el espacio. Aquella vecina, amiga o pariente lejana que se encuentra ni bien se abre la puerta. Ella es la encargada de recibir a cada uno, es una especie de anfitriona de la fiesta. Saluda, les da un beso, y se encarga de averiguar quien es, cual es la relación con el muerto, la familia del muerto, y el grado de dolor que tiene. Si ésta es una herida de primer grado, procede a comentar detalle por detalle los últimos momentos del festejante. Como murió, porque, que clase de culpabilidad tienen los allegados en esto, como podría haberse evitado. Luego hace un pronóstico del éxito del velorio, e informa el estado del muerto: “natural, no parece muerto”, “esta irreconocible”, “esta hinchado como un sapo”, “quedo consumido!” , “tiene un olor a podrido!!”, etc. Este tipo de personajes no opera solo, no no…, siempre actúa en complicidad de otros, que se encuentra diseminados por el lugar, observando cada de talle….Durante mi velatorio, este rol bien lo ocuparía mi vecina de al lado de casa (la mudita, como le decimos secretamente con papá). Señora que se destaca por su excelente capacidad sensorial. Buena señora. De familia humilde, interesadísima por el prójimo, vivo o muerto. También este alto puesto en la escala de personajes podría interpretarlo Clarita, señora vecina durante añares de la abuela Pilar, célebremente fallecida hace un tiempo. Clara se desempeñó de manera formidable en este rol durante el velatorio de mi abuela y de Esteban. Estoy convencida de que todos tenemos una función en este mundo, y la de ella es esta: ser vocero oficial del difunto.
En un pueblo, y quienes han vivido en uno bien lo saben, no importa si se conocía al muerto, lo importante es si te suena el nombre de la familia, si tal vez conocieron a la abuela, la prima, la tía, y en esos casos es inevitable participar de semejante acontecimiento social. Sobre todo si se es jubilado. Es por ello que seguramente las chicas amigas de la abu estarían presentes en mi agasajo final. Señoras muy entradas en años, (que no son gallina de primer hervor…, Gelly), bien acomodadas, viudas o solteronas dirán “presente”. Cálidas, sentimentales.
Al igual que ellas, pero ya con un status que les da autoridad para entrar como “Pancho por su casa” estarán las señoras de la liga de familia. Institución honorable, con miembros decentes, muy creyentes en el más allá, en Dios y todos los santos evangelios. Irrumpen en el momento de mayor convocatoria de público, como para generar un clima más impresionante, y rezan el rosario en vos alta. La mayoría de los presentes de mi velatorio no lo saben, pero quizá se enganchen en la parte del Ave María, como en el estribillo de la canción de cumbia que suena en la radio local. De igual forma e ímpetu, sin pensar en lo que se dice. Con el mismo dolor. Igual, igual…. Siempre pensé que esas señoras lo que necesitaban para pasar el tiempo era un poco de semen entre sus piernas. Pobres moralistas señoras, morirán sintiendo culpa de haberlo tenido alguna vez. Turbias ellas, y cornudas también.
Los muchachos amigos de Mauri irán para acompañarlo; las bandas, del conservatorio, los de fútbol, los compañeros de colegio, los del trabajo, los de los asados y la comunidad educativa toda pasarán un rato a saludar (cuanto más rica es la vida social de un hombre al de una mujer en el pueblo!!). También estarán los amigos, los eternos. Conociéndolos como los conozco, no le hacen mucho coraje a estas situaciones, pero se esfuerzan. Son buenos pibes. Chichis, también se que estarán, y como me conocen bien, quiero pedirles en secreto un favor (pongan un papelito con migo en el cajón, con todas las indicaciones para poder llegar al cielo, porque por ahí se me da la oportunidad de acceder, pero de distraída me equivoco de puerta de entrada o camino, y agarro para el otro lado….). Sería otra muy mala ironía poner “a la memoria de Gabriela”…., saben que eso esta reservado para Gelly. También sería redundante poner “aquí descansa en paz Gabriela”, cuando saben que media vida la pase con necesidad de descansar !!!.
También está una nueva modalidad de intervención a distancia brindada por las posibilidades de la tecnología. Diversas son las personas que las utilizan. Internet y la telefonía celular permiten ser partícipes, estar sin estarlo. Como el muerto, pero al revés. Es decir, están presentes no físicamente, sino espiritualmente. El cuerpo del fallecido yace en el cajón. Ceci y Germán llamarán. Gastarán las limosnas de los europeos. De corazón siempre estarán.
Otros nunca se enterarán.
Y al fin el momento póstumo. Llega con cara de circunstancia el señor García. Todos saben que significa su presencia, es la hora de despedirse. Instante de tensión. El muerto parece cada vez más pálido. Los dolientes lloran desconsolados. Los que no, lloran también. Se pide a la gente que se retire del lugar, se cierra el cajón, se lo sella, y lentamente se lo pone en el auto fúnebre. Cada uno ya tiene reservado un lugarcito en el vehículo que irán en la caravana hasta el cementerio.
Se van ubicando en al fila en supuesto orden de dolor. Mamá puede ir con Echeverri y Nora en la camioneta encabezando la fila. Luego en supuesto orden de dolor papá con los Grieder. Luego Mauri y los chicos. Los de Pina. Las chicas. Los parientes y eventuales asistentes acongojados. La fila va despacio. El camino del bulevar se hace eterno, frío. El aire se corta, se hace denso, y la belleza del paisaje del lugar solo la pueden apreciar los ubicados en las últimas posiciones de la fila. Yo la aprecié muchas veces, y otras tantas fue imperceptible. Al abuelo no le gustaba transitar ese camino. Sabía que inevitablemente lo haría, bajo otra condición. La de protagonista, la de muerto.
Es un dilema irresuelto, como un acertijo sin salida pensar en el lugar de la “cristiana sepultura”. Tengo más casas donde descansar como pasiva que como activa. Ninguna propia. Papá decidirá donde será el lugar, siempre lo hace. Puede ser en los cómodos nichos comprados por los previsores abuelos, o en los que mandó a construir el tío Rubén para Estebita, o en las numerosas tumbas de la familia Córdoba. Saben que quisiera compartir el lugar de mi pudrición física con Esteban, pero quizá se complique la cantidad de espacio y la relación con Rubén. Con la bisa Amadea estaría bien, su cuerpito era pequeñito como el mío. A papá le gustará allí, a mamá con Esteban. Pero será donde papá diga.
Y allí me quedaré, en una linda tumba de cemento, pintadita, con placas de bronce y plata, con una foto que eterniza la sonrisa. No me aburriré, tengo cerca mucho campo, caballos para galopar, médanos para correr, trigales para deleitar. Siempre me conforme con poco.
Gracias por haber asistido a mi última fiestita. Quizá nos volvemos a ver.

P/D: no lleven flores, ellas son hermosas para colorear la vida.

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