Arte y sociedad
PINTANDO PAREDES, DERRIBANDO MUROS
El arte puede ser una herramienta de integración social muy eficaz, así lo cree la gente de TAPIS. Un Grupo de personas de Bellas Artes que desde el año 2000 intentan con sus intervenciones sensibilizar sobre diversas problemáticas sociales. Reconciliar al arte con la sociedad desde su potencial para integrar colectivamente es el desafío que se proponen.
La reconocida muralista platense Cristina Terzaghi, es la mentora y coordinadora del Grupo de Taller de Arte Público de Integración Social, TAPIS. La labor que encaran puede resumirse en una de sus frases: “entender que lo colectivo no anula lo individual y saber que lo individual va a estar reflejado en ese colectivo”.
TAPIS, nace mediando el año 2000 y lo conforman alumnos de diferentes carreras de la Facultad de Bellas Artes, también colaboran en con el grupo psicólogos y asistentes sociales, quienes aportan otra mirada sobre el proceso artístico.
El Grupo aparece en el momento previo a la reapertura de la carrera de Mural, aprobada este año. Cristina Terzaghi ve en sus cursos que hay mucha gente que quiere trabajar, y decide entones conformar con sus alumnos un grupo que se dedique al arte público.
Para Terzaghi el arte es un Derecho Humano; “me parece que todos tienen el derecho y tienen que tener la oportunidad de disfrutar de una obra de arte, de pensar, de reflexionar y de sensibilizarse con ella. No solamente los entendidos”; reflexiona mientras agrega: “Todos podemos llegar a entender el arte si nos dan la oportunidad”.
El arte ha sido llevado al individualismo extremo y a que sea un adorno. Ante esta situación el Grupo aparece para reivindicar la función esencial que según ellos le corresponde al arte: sensibilizar antes las problemáticas sociales.
El mural siempre está integrado a la cuestión social porque se trabaja con el entorno “uno tiene que hacer sentir al otro que mira como parte de esa obra, no tiene que resultarle un hecho extraño; que se pregunte: ¿Para qué habrán puesto eso ahí?” explica la artista. El mural impone la tarea de que el otro se sienta identificado con la obra, que también le pertenezca.
El arte mural y el arte público, tienen una dimensión distinta; desde el inicio del trabajo debe integrar a la comunidad para que la gente lo adopte como propio. “El arte público no es sacar un cuadro a la calle. No es que yo pinto acá y después lo pongo en la calle y digo, ah esto es público. Es otra cuestión, es una forma de trabajo colectiva”, comenta Terzaghi.
Ya son muchísimas las intervenciones que ha tenido el Grupo desde su conformación. La primera experiencia bajo el nombre de Grupo TAPIS fue la realización del mural sobre La Noche de los Lápices en el Ministerio de Obras Públicas de la provincia, sobre la calle 7 entre 58 y 59. Cristina recuerda lo emotivo que les resulto al Grupo concluir aquella primera obra; “la marcha culminaba ahí, y en el momento de terminar el mural ya estaban los familiares tirándole claveles, así que la vuelta del mensaje nos llegó muy rápido.” dice.
Luego vino un trabajo de intercambio con Agronomía, donde estudiantes de las ambas facultades se mezclaron para realizar un mural en el predio de la calle 60 entre 119 y 120.
ARTE E INTEGRACION SOCIAL, UN PUENTE TENDIDO
En el año 2003, TAPIS realizó un mural en IPAC, un instituto que asiste a niños ciegos en la ciudad La Plata. La artista cataloga esta experiencia de fantástica porque la propuesta del arte público es justamente salir del medio cerrado de los entendidos e insertarse en problemáticas sociales. “A los alumnos le sirvió muchísimos trabajar con chicos que tienen una dificultad –que es ser no vidente- pero que después tienen todo el resto de sus potencialidades tanto creativas como expresivas, con posibilidades de aceptarlo, recibirlo y sensibilizarse frente al otro” señala sin dudar.
Este mural tan particular se encuentra en el patio de la sede de IPAC de calle 1 entre 68 y 69. El proyecto surgió desde el Grupo TAPIS y el Instituto les abrió su espacio para sumarse a la experiencia del arte como vehículo de integración social.
Ximena, maestra de IPAC, cuenta que realizar el mural fue un proceso que demandó varias etapas; “Me acuerdo que el día que venían los chicos, era verano, iban todos al patio, primero fue tres o cuatro encuentros hasta conocerse. Hicieron canciones, hicieron juegos, traían instrumentos, y después empezaron a traer el material con el que iban a trabajar que era arcilla”.
Cuando todos se sienten cómodos con el material es el momento en que se empiezan a hacer las piezas que serían colocadas en la pared, y conformarían el mural.
Para el instituto la experiencia fue muy buena, tan buena que los chicos esperaban ansiosos el día que iban los estudiantes de Bellas Artes. “Los chicos estaban reenganchados, esperaban el día, habían hecho mucho nexo, estaban chochos, todos participaron, nadie se negó a trabajar. Incluso a los chicos que no les gusta - por el hecho de trabajar con ellos - metieron la mano… Tuvimos muchas sorpresas, porque incluso los que pensábamos que menos iban a trabajar fueron los que más trabajaron” relata la maestra.
Michelle tiene 13 años, asiste a IPAC y aún se acuerda de la experiencia de realizar el mural. “Aprendí a hacer cosas nuevas. Fue lindo”, dice. Recuerda también el proceso de trabajo “usábamos moldes que apretábamos sobre la arcilla y quedaban las formas. Lo que me gustaba era como quedaba la forma”.
Bárbara y Jaqueline también son alumnas de IPAC y mientras describen que hacían dicen que les gustaría repetir la experiencia.
Los trabajos que realiza el Grupo dejan también valiosas experiencias en los estudiantes; “A los alumnos que participan del Grupo les abre muchísimo la cabeza meterse en otras problemáticas, sentirlas; salir de la facultad, salir de las problemáticas del artista en la torre de marfil, y ver el artista puesto en un medio siendo parte de una sociedad y tratando de que el arte cumpla una función social” explica la muralista.
ARTE Y COMPROMISO SOCIAL
El local de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en La Plata, se encuentra en la calle 8 entre 55 y 56. Allí también se alza un mural que recuerda los 30 años del último golpe militar en homenaje las victimas desaparecidas por el terrorismo de estado.
Este es el último trabajo que realizó el Grupo. En la construcción del mural participaron familiares de desaparecidos, hijos, empleados de ATE, “todos pegaban aunque sea un mosaico” cuenta Cristina.
La particularidad de los murales es precisamente el proceso colectivo de trabajo que demanda su construcción. Se debe discutir desde el comienzo: que imágenes irán en la pared, que representarán cada una, que colores; “En los murales hay toda una simbología que tenés que hablarla con los compañeros y bueno, y después entonces se viene a participar y a pegar (…) el proceso de construcción es tan sociabilizador que es lo que más disfrutas”, asegura Cristina.
“Todos los empleados de ATE participaron, y todos los delegados, y toda la gente, toda la gente que quisiera poniendo aunque sea una piedrita para poder estar presente en el mural. Se trabajo entre todos juntos” cuenta Gustavo Pisac, empleado de ATE, mientras mira el mural y señala: “las caras que vos ves, no son caras anónimas, sino de gente que realmente existió, de compañeros que están desaparecidos”. Gustavo no retira los ojos del mural, lo sigue contemplando mientras agrega “Esto es de todos”.
Gran parte del secretariado actual y de los delegados de ATE son ex presidiarios de la dictadura. Muchos miembros del sindicato están desaparecidos; “Esto es un homenaje y una reivindicación de la lucha de tantos años” murmura Pisac, algo emocionado y con los ojos todavía fijos en el mural.
Cristina Terzaghi ha recibido numerosos premios y reconocimientos, fue nombrada ciudadana ilustre y galardonada con el Cóndor de Fuego. Pero para un muralista la mayor satisfacción es el reconocimiento del vecino, cuando alguien se detiene a mirar el mural. “Que alguien te pida una explicación y la compartamos, o que aplaudan delante del mural; que la gente sienta que esa obra es de ellos, ese es el mejor premio” concluye Terzaghi.
(CUADRO)
Después de 30 años de olvido Muralismo vuelve a ser carrera de la UNLP
La dictadura del 76 cerró varias carreras en la ciudad de La Plata por considerarlas peligrosas, entre ellas Mural. Muchas administraciones pasaron por la facultad de Bellas Artes sin considerar su reapertura. Hoy en medio de un profundo cambio estructural con respecto a qué perfil de alumno quiere la facultad y con qué tipo de inserción en lo social, muralismo vuelve a ser carrera de grado.
El muralismo es un arte totalmente latinoamericano. Nace en México de la mano del ministro de educación José Vasconcelos quien, ante la fuerte influencia del vecino país de EE.UU, aboga por un arte puramente nacional, que cuente la historia y que reivindique su identidad.
Con diferentes nombres la carrera de mural existió desde siempre en ciudad de La Plata, siendo la Argentina el único país de Latinoamérica que poseía esta carrera. “Cuando la cierran deja de existir como disciplina; ni en México existe el muralismo como carrera” señala Cristina.
Durante la dictadura los murales fueron tapados, quemados, tirados. Los murales de Ricardo Carpani fueron destruidos en su totalidad; aún así la gente siguió haciéndolos.
“Dentro del pensamiento ideológico pedagógico-educativo vigente, entra la reapertura de una carrera que es una reivindicación social; porque le ganamos ese espacio a la dictadura, y porque tiene que ver con un perfil de alumnos insertos en lo social” cuenta entusiasta la artista que nunca se resignó al cierre definitivo de su carrera y siente hoy su sueño cumplido.
(CUADRO 2 – PATAGONES)
Carmen de patagones, el arte que sutura heridas
El Grupo TAPIS trabajó en Carmen de Patagones con los adolescentes que estuvieron en la escuela el día de la tragedia. Junto a los chicos construyeron en dos días y medio un mural “más que digno” - como dice Cristina Terzaghi.
Al cumplirse un año del incidente el ministerio estaba tratando de llevar adelante alguna actividad especial debido a que el estado emocional de los chicos de aquel lugar era demasiado complejo.
Pensaban realizar un concurso literario cuando deciden consultar a la muralista: “yo les digo, ¿concurso? ¡no!; construcción colectiva. Acá tenemos que construir lo que se ha desarmado” asegura. Según ella la experiencia de Carmen de Patagones fue una de las más fuertes que vivieron como grupo, por la buena repercusión que tuvo.
“El mural de Carmen de Patagones, fue un caso de integración muy especial porque la temática era muy difícil; trataba sobre la muerte de tres compañeros, de un asesinato en el aula. Como representar la muerte, y cómo representar una muerte terrible. Necesitábamos hablar del conflicto sin horrorizar a la gente que lo vería” explica Cristina.
El mural queda en el tiempo y el artista intenta que la gente lo mire, no que lo esquive. Los chicos de Patagones pudieron representar aquel terrible suceso que vivieron a través de la metáfora: los compañeros son tres unicornios; Junior y la sociedad un cuadrado negro.
Parados frente al mural los chicos lloraban luego de un año de no poder llorar, comenta Terzaghi. El mural sirvió para que los chicos puedan decir con imágenes aquello que no podían decir oralmente. Comunicar a los otros de otra manera, esa es la misión del arte público, servir para sensibilizar desde otro lugar.
lunes, 11 de diciembre de 2006
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